viernes, 15 de octubre de 2010

Todas las trivialidades

Logan Pearsall Smith
Traduccción de Héctor Blanco
Prólogo de Emilio Quintana
ISBN: 978-84-8053-590-8
13 x 20,5 cm
|| 200 páxs. || PVP: 15 €

Con la excepción de su autobiografía Unforgotten Years (1938), aún inédita en castellano, Todas las trivialidades presenta la obra literaria completa de Logan Pearsall Smith, pues bajo este nombre el autor anglosajón fue reu-niendo, a lo largo de su vida, aforismos, anotaciones de diario y apuntes poéticos y filosóficos.
Esta inagotable biblioteca portátil, este enjambre de ensayos en miniatura, comparte un mismo tono de conversación solipsista. El incesante monólogo interno de quien necesita explicarse el mundo y carece de los interlocutores deseados. O de la voluntad de hacerse oír. Un tímido y ensimismado moralista al cual es fácil imaginar levantando la cabeza un instante de sus minuciosas erudiciones, reflexionando brevemente y, antes de volver a enterrarse en el volumen abierto frente a él, murmullando con estoica resignación una frase que no es suya pero podría haberlo sido: «En la vida hay más que libros, ya sabes, pero no mucho más».
Caballero inglés que, al igual que Eliot, cometió el error de nacer en los Estados Unidos, Logan Pearsall Smith (1865-1946) resulta hoy un autor secreto, tal vez menor, pero indudablemente dotado de esa virtud sin la cual, según Stevenson, todas las demás son inútiles: el encanto.
Hijo de cuáqueros ilustrados y pudientes, Pearsall Smith desoyó la llamada al orden del negocio familiar y, tras pasar por la Universidad de Harvard, emigró a su patria espiritual, Inglaterra, donde pasaría el resto de su vida, adquiriendo la nacionalidad británica en 1913.
En Inglaterra, Pearsall Smith dividía su tiempo entre el distrito londinense de Chelsea y el conveniente retiro bucólico en una casa de campo estilo Tudor. En ambos escenarios transcurriría una vida consagrada a sus amadas lengua y literatura inglesas, ya fuese dedicado a la obra ajena en el papel de ensayista, editor y antólogo (especializado en autores del diecisiete como Donne, Milton y Shakespeare) o, en mucha menor medida, a la propia. En efecto, Pearsall Smith fue un entusiasta exégeta que, deslumbrado por los logros de otros y atenazado por su maniático perfeccionismo, escatimó esfuerzos creativos. O, simplemente, alguien que creía que hablar de los demás es también una manera, más velada, más discreta, de hablar de uno mismo.

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